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II Concurso de Microrrelatos

 

 

 

1.- LOS PASTORES


Eran los pastores de Quintanilla, figuras muy presentes en el paisaje, de aquellos tiempos. Que tiempos. Para algunos aciagos y para mi maravillosos. Era yo zagalete, inquieto y travieso y atrevido. Tanto que me llevaba despierto hasta las tantas, con tal de que pudiera ver a aquellos hombre rudos y curtidos, a quienes consideraba mis amigos, para montarme en sus burritos, que no había pastor sin burro y sin la protección de sus perros. Cuanto disfrutaba de aquellos paseos nocturnos y del contacto con las gentes y los paisajes y los animales. Qué pena, no teníamos ordenador.  

 


 

2.- SENSACIONES


Respirar, oler, mojarse de la tierra y de la humedad, cuando llueve. Y el suelo emite ese olor tan singular, y la gente cuando se saluda al pasar, con esos mensajes tan onomatopéyicos. Empaparse, además de lluvia, de la comida y los sabores. Todo es muy enriquecedor, como los sonidos de los chopos de la rivera, cuando el viento hace que vibren sus hojas. Todo esto, en todos los lugares de nuestra piel de toro, es muy gratificante y placentero. Pero siempre me place más, si es el Duero el que atraviesa y Quintanilla el sitio adecuado para estar.

 

 



3.- MI FAMILIA


Era el viejo maese Eusebio. un gran zapatero de Quintanilla. Casado en segundas nupcias, con Isabel García, con quien igualaba, en el apellido. Fruto de la unión, nació la primera Domitila, seguido de Eusebio y el chiquitín Santos. Tres hijos, tres maravillas, tres principio. De la primera Maribel, maestra de vocación y casualmente de profesión. Del segundo Julita, Anselmo, Isabel y Purificación, menudo batallón. Y del pequeño Santos, la pequeña enfermera Begoña y el zapatero más pequeño que hay, Carlitos. Señor que familia y que sabiduría la tuya, pues se te ocurrió alumbrarla en Quintanilla, mira qué maravilla. 

 


 

4.- MADRE


Que coraje tengo este año. Bueno este año y el anterior. Nada, otro año que tampoco puedo ir. Con lo que me gusta a mi pasear por los pinares, bañarme en el rio, donde aprendí de niño a nadar. Regar la garganta con ese vinillo madre, que vinillo. Y madre, que por ti hay que darlo todo. Que tú eras la que, de pequeño, me llevabas a la suma donde, di mi primera brazada. A merendar a los pinares, donde había juegos interminables. Ahora no puedo ir, tú me necesitas más. Coraje de Quintanilla, amor de madre. Tu ganas siempre.

 


 

5.- LA ERA


Érase una vez, erase que se era, erase la era. Donde jugábamos, era, la era. Nosotros jugábamos y los hombres trillaban, sus machos enganchados al trillo, completamente extinto, vuelta tras vuelta, hasta que la paja se separaba del grano. Y nosotros a lo nuestro, juego tras juego, pero no de cualquier forma, que todos tenían sus leyes. Inventados, pero no de cualquier manera, con un sentido. Correr, saltar, disparar, vencer o perder, la cuestión era seguir, sin tiempo. Qué recuerdos alberga la cabeza de un hombre, que una vez fue niño en Quintanilla.

 


 

6.- MI ABUELI


Ahí estás, sentada detrás de la verja de la residencia, con tu pañuelo al cuello y el bastón entre las piernas. “¡Abueli!” Te digo. “¡Nieti!” Contestas. Por los rasgos de tu mirada, sé que me estás sonriendo con ternura.
Cierro los ojos y te imagino en Quintanilla, leyendo en el patio, haciendo el cocido o dando un paseo hasta la estación. ¡Bendita imaginación!
Abro los ojos. “Cariño, ¿qué piensas?” Preguntas. “Pienso que cada vez queda menos para que puedas volver a tu pueblo”. Lágrimas de anhelo inundan tus ojos. Debajo de la mascarilla, aún se adivina tu eterna sonrisa.

 


 

7.- ROJO Y BLANCO

Los arroyos nacen bravos de entre las montañas altas, para luego  remansarse en páramos y vegas. En el cotarro de las bodegas, el vino rojo nace bravo del porrón alzado y se remansa en el pan metido en harina, que cuesta empapar y teñir. La lluvia  hace crecer el río y nutre los campos. Un  puñado de azúcar blanco en la rebanada roja convierte el cuadro de pan en merienda infantil. Magia quintanillera.

 


 

8.- EL BICHO


¡ Mecachis ! La suerte no me acompaña.
Llega el jodido bicho. Billetes de tren impresos, el favor de Juan de recogerme  para acercarme al pueblo, pasar el frío marzo al calor de la gloria y terminar ya, la tesina sobre los chozos. En Setiembre un único objetivo: pasear pinares, caminar senda y leer a la sombra, pero el malestar general me lleva al hospital  y aquí estoy, cruzando los dedos para que mamá naturaleza me sane, me desconecten de  estas frías máquinas y volver a Quintanilla, junto al Duero, para no hacer nada, salvo respirar a pleno pulmón.

 

 


 

 


Con la colaboración de:

Flor de Aulaga

Aceite de Oliva Virgen Extra Ecológico
Productos de Huerta

Flor de Aulaga